09 mayo, 2009

ESPEJOS


La estancia estaba sombría y apenas un rayo de luz del recién inaugurado amanecer se colaba entre el hueco que dejaban las cortinas...

En la habitación se respiraba ese dulzón aroma que deja el sexo cuando se condensa entre las sábanas y las paredes.

Desnudo, encarcelado en una prisión de complicada evasión, miraba con temor el espejo, de cuerpo entero, que, al pie del lecho, se alzaba como el Juez (eterno) que esperaba su momento para dictar el fallo de una sentencia, evidentemente, condenatoria.

Temía encontrar, en el reflejo recibido, el horror de las procesiones de miradas que habían implorado, atrás en el tiempo, su perdón y su comprensión, encontrando, meramente, el poder del silencio...

Pesadamente, con el temor y la inseguridad que provocan la conciencia de la maldad, retiró el embozo y plantó los pies en el suelo, que le transmitió un repentino, y castigador, frío.

Se dispuso de perfil ante el espejo, sin abrir los ojos, manteniendo la tensión y previendo el dolor que sentiría unos instantes después.

Pero el espejo le devolvió su imagen, sin letanías, sin remembranzas, sin sensibilidades... el mero dibujo de un asesino sanguinario y sin piedad.

Giró sobre sus talones. Y respiró cómodo...tranquilo, mientras sus pies derrapaban ligeramente en un charquito de sangre casi seca...

06 mayo, 2009

CONCIENCIA


Siempre pensó que los segundos posteriores a la entrega de su virgo serían especiales...

Pero no fueron así.

Adoptó una postura reflexiva y, quizá, excesivamente actuada, como pretendiendo llegar a un lugar mil veces soñado por el camino más forzado (y forzoso).

Cuando la inquietud la abordó de una manera violentamente vil y mezquina, se refugió en las canciones que había memorizado de niña, aquéllas que servían para empapelar las paredes de su habitación.

Entre los recuerdos, se coló el aroma del carísimo vino que él había elegido para la cena en el restaurante argentino.

Pero todo, a su alrededor, parecía como una tormenta de luces, repleta de fogonazos que la mareaban y golpeaban, desconcertándola, una marioneta usada a la que la tapa del bául le pilla por el cuello.

Y, ¿de verdad habían sido sólo unos minutos?...

Se acercó a la ventana, para escuchar, desde cerca, el repiquetear de las gotas de lluvia en el alféizar de su vieja ventana.

Recordó una escapada y su negativa a aquella (otra) impredecible invitación a cenar. Asumió la pérdida de sonrisas gratas y abrazos sutiles.

Y, con la claridad con la que se evocan los momentos que desearíamos olvidar, se le apareció la angostura de una tortuosa calle. Al fondo había una pared de ladrillos desconchados sobre la que se encontraba un mensaje pintado en escarlata: "Si consideras que es más sano encontrarse libre de pecado, al menos, guárdame tu primera piedra".

03 mayo, 2009

ANDRÉS


Anoche soñé que rodeabas mi cuello y que, con ese cariño que se profesa sin palabras, apretabas hacia abajo con la firmeza que siempre me recuerda tu calor e impronta...

Anoche, cuando todas las miradas estaban pendientes de las luces, me sentí absorto y volví a aquellas tardes en las que recorrimos ciudades ajenas con conversaciones de mayor a pequeño, con consejos que grabé a fuego y que me guían por los derroteros más esquivos...

Anoche, mientras algunos peleaban frente al Destino para encontrar unas sábanas calientes en las que paliar su ansiedad, mi cuerpo se dejó fundir contigo en un abrazo que me enternecía y reconfortaba mucho más que el resto de bellas palabras.

Anoche, en esa hora en que el reloj ya no es dueño de las decisiones, me recriminé, por enésima vez, no ser capaz de eludir ritmos más insanos y visitarte con la frecuencia que los otros consideran necesaria...

Anoche, como en las eternas caminatas de Valencia y Zaragoza, sentí ese carácter de influyente guía que me forjó un carácter indomable e incomprendido pero que, defenderé, por tuyo, hasta las últimas y más graves consecuencias.

Anoche, con esa resignación que deja la impotencia, me derribé y derrumbé en la imposibilidad de retornar al antaño nuestro...

Anoche, cerrados los ojos, apreté los puños y lancé un grito al interior cuyo destino era el cielo...

Esta mañana desperté... y alteré mis rutinas para encontrarte en tus recuerdos que, ahora, son míos...

Y siempre me alegrará creer que, desde arriba, me alientas...

Y si puedes (o quieres) leerlas, estas letras son para ti.

01 mayo, 2009

OSCURIDAD


Oscuridad... un picor repentino de ojos.

El ruido es atronador... y pierdo mis puntos (comunes) de referencia. Pretendo mantener el equilibrio, pero caigo.

Oscuridad... una oleada tremenda de calor pegajoso que se aferra a todos los poros.

Ya he visitado esta insana sensación en otras ocasiones, rememoro el pesar...

Nadie estima oportuno quebrar la continuidad y, en la batalla interior librada entre la conciencia y la honestidad, el resultado es combate nulo, tras haber caído ambos contendientes a la lona...

Oscuridad... maldita sea, que alguien encienda una luz.

Pero la pesadilla radica en una sonrisa que atormenta sin siquiera sonreír.

Y, en la tercera fila del patio de butacas, un espectador ya ha sacado de su chaqueta el libro de Camus, aburrido ante la representación del día.

Oscuridad... y ese dulzón relámpago que mantiene el alcohol cuando el hígado aviso de su masiva ingesta.

Y, cuando en el camerino, la actriz se desmaquilla, satisfecha por su actuación y todavía excitada por el aplauso del respetable, recuerda que olvidó.

Toma su teléfono y deja un mensaje en un frío y anodino contestador. Y continúa retirándose la pintura de la cara.

Oscuridad... y un peatón que camina contracorriente entre las obras que la Autoridad decidió colocar en el corazón de su ciudad.

Oscuridad... sólo rota por el reflejo de un parpadeo rojo cuando llega a casa.
Y se niega a escucharlo... y cae rendido entre las sábanas que huelen a vacío y eternidad.

28 abril, 2009

ESCAPISTAS


"Es curioso, sí...".

El hombre le miraba de soslayo, como incrédulo ante la historia que acababa de escuchar.

"Y dice usted que es, bueno, mejor dicho, que ha sido, escapista...".

Su interlocutor asintió tranquilamente.

"Ya... No recuerdo haber pisado el circo. Ya sabe, mi familia era pobre y no había lugar a muchos dispendios. Escapista, sí".

Entonces, los ojos del escapista se vaciaron, hacia el infinito, como sólo las pupilas de los elefantes que caminan en búsqueda de su muerte saben hacerlo.

Y recordó que, una noche, después de la función, dos de las bailarinas del espectáculo le acompañaron a tomar unos tragos por la ciudad. Encontraron todos los bares cerrados pero una de ellas, cuyo padre había nacido en el lugar, conocía un establecimiento clandestino donde, a buen seguro, aún podrían prolongar un poco más la celebración.

Dieron unos leves toques en la puerta y el camarero, que lucía una gorra antediluviana, les instó a pasar rápida y silenciosamente...

Tras servirles el licor, y cuando las damas se marcharon, coquetas, al aseo, se atrevió a preguntarle: "ustedes tienen pinta de artistas, ¿verdad?. ¿A qué se dedican?".

"Ellas son bailarinas, las mejores de todo el circuito. Y yo, quizá, logre ser un buen escapista algún día".

"Escapista... sí" -dijo el camarero.

Cuando acabaron sus copas, no les dejaron pagar.

Volvió a la realidad.

El rostro del hombre había cambiado y, en un tono autoritario, le espetó: "Pues debería saber que el robo a los bancos de la ciudad es un delito penado por las leyes estatales y que sus huesos acabarán en la cárcel... Supongo que no podrá escapar de allí".

Después firmó el informe. Se aseguró que las esposas estuvieran bien cerradas y levantó el auricular del teléfono.

24 abril, 2009

SORPRESAS


Cuando recibió el recado de escudriñar las cintas de vídeo del circuito cerrado del restaurante en busca de algún indicio o conducta sospechosa, no le otorgó mayor importancia.

Su trabajo como detective privado le había acarreado numerosas oportunidades de relatar insospechadas anécdotas que, siempre, hacían las delicias de sus amigos en las fiestas nocturnas.

El dueño del restaurante estaba preocupado y el jefe de patrimonio de la franquicia le alertó sobre la importancia del asunto. El ladrón había sustraído el único cuadro original que se exponía... una pequeña astucia de unos 500.000 euros.

Dejó las seis cajas que contenían las cintas en su maletín y se despidió, tras estirar su falda, seguía pensando que demasiado corta, hacia abajo.

La noche estaba siendo terrible... Las primeras diez horas de visionado no habían dado fruto alguno.

Desesperada, y acabando las reservas de café de su casa, envió un SMS a su pareja: "te extraño...".

La cuarta película cambiaba la perspectiva, situándose en una de las esquinas del local, y con el cuadro al fondo, dejando todas las mesas perfectamente visibles. La gente comía, despreocupada, totalmente ajena a la obra de arte iluminada por un luminosa brillantez.

Como por casualidad fijó su visión en una pareja. Él cogía la mano de ella con suma dulzura. La lejanía de la toma le impedía diferenciar sus rasgos, pero había algo que le resultaba familiar.

Amplió el área y justo cuando el hombre la besaba, pulsó el botón de pausa.

Lloró. No podía creer lo que estaba viendo.

Entonces envió un nuevo SMS. Su contenido era breve: "no vuelvas jamás"...

A la mañana siguiente, cuando apenas había amanecido, se despertó, aún conmocionada. Preparó café y, tras tomarlo muy caliente, se marchó a la calle.

Devolvió las películas de vídeo y desestimó el encargo aduciendo peregrinos motivos personales.

Después se refugió en un bar cercano. Tras tomar tres vodkas, fijo su atención en un poster de Elvis y, con tono socarrón, chilló al camarero: "les pienso robar esa obra de arte".

21 abril, 2009

EL RELOJ DE LA NOCHE

Algún día, quizá, sea capaz de abrirme el cofre donde reside su inmisericorde misterio, que me golpea, una y otra vez, con la fuerza de un tornado en pleno movimiento.

Algún día, al menos así lo espero, desviará su poderoso y atrayente magnetismo y me permitirá contemplar, en su integridad, el carácter radiante de una mirada por la que matarían los ejércitos más valerosos.

Algún día, busco con denuedo esa fecha en el calendario, admita que existe algo más que lirismo en las palabras que le dedico y mi débil poesía pueda, con su sensiblidad, resquebrajar los muros de su firmeza.

Algún día, la esperanza es el único motor que me alienta en esta congoja, mi memoria dejará de recordar aquella imagen de la noche de Madrid en la que ella se perdió entre el tráfico, desafiando los semáforos en rojo de la gran ciudad.

Algún día, si los arcanos no erraron en su predicción, su pestañeo me será propio y, por primera vez, las dulces palabras de su boca se dirigirán a mi persona.

Algún día, sí... Quizá, sea durante la noche, su llamada romperá la monotonía y, como el nacimiento del agua en el manantial, desbordará la creación en un impulso imparable...

Quizá sea en la noche... y, por ello, firmé un armisticio con Morfeo.

Y el reloj de la noche ya no tiene secretos para mí.